Victoria Rios Flores

Estándar

Según mis cuentas, tenia 3 años, yo jugaba atrás de una reja de madera que mis padres improvisaron para que no me saliera a la calle, ella venia con su maleta y desde lo lejos me gritaba “Ricoooo” y yo no cabía de alegría de verla, de inmediato me abrazaba y me besaba, solo amor, solo amor recibí de ella desde el principio, nunca hubo un regaño o una palabra dura que saliera de sus labios, todo bondad, todo calor, el olor de su comida era una delicia para nosotros los nietos mayores, sus buñuelos eran primero un ritual que juntaba a las hijas y las nueras, y después un manjar azucarado que disfrutábamos con café con los adultos a la mesa y los niños sentaditos en la escalera probando esas delicias crujientes con nuestra tacita de plástico cuidando de no tirar el café para que la mama no nos sonara.

Las navidades en limg_0947a casa de la abuela eran la aventura mas esperada todo el año, el pequeño jardín de la vecindad en La Ahizotla, era un bosque lleno de sorpresas, flores exóticas, bichos nunca vistos, no importaba que algunas veces nos tocara acarrear agua con ella para bañarnos a jicarazos, todo era parte de la aventura de verla a ella y a los tíos y tías, pero sobre todo y desde siempre fue el pilar y el motor de la familia, era la fuerza que jalaba a los tíos pendencieros que se iban de parranda o a mis tías que luego se escapaban a ratos con el novio, siempre era ella la que nos atraía, la que nos juntaba, la que creaba ese sentido de familia que del lado de mi padre nunca fue tan fuerte.

Una vez llego de visita y me trajo un reloj de plástico, un reloj!! nada hubiera podido hacerme mas feliz!!, yo era grande y poderoso!!, era importante!!, mi abuela me había regalado mi primer gadget y era el mas envidiado niño del vecindario, sabia como hacernos felices con tan poco, con una palabra o con un abrazo, protegiéndonos del regaño de la mama o dejando que estuviéramos con ella cuando planchaba escuchando su radio novela, mientras los nietos hojeábamos las revistas de “lagrimas y risas” que mis tías traían a la casa, nunca entendí por que ponía esa estación de la hora del observatorio: “Haste, haste la hora de Mexico”

Recuerdo que ya adolecente me decía que quería que yo me casara con Lucerito, la cantante, siempre se lo tome a broma, pero ella con sus ojos de abuela en verdad me veía con esa posibilidad, nadie tenia mas fe en mi que mi abuela, nunca dejo de demostrarlo con sus actos y palabras, ella solo veía las cosas buenas de nosotros, cosas que ni nosotros podíamos ver, ella estaba ahi para marcárnoslo.

Esta es la primera navidad que la pasamos sin ella, yo estoy lejos del resto de la familia, el pasado 23 de Noviembre cuando ella se fue,  las condiciones estaban del todo en mi contra para ir a verla, apenas había ido a verla en octubre, y como siempre se deshizo en bendiciones cuando me despedía, aunque la edad no le ayudaba, la veía fuerte y pensé que podría verla a fin de año, pero la vida no nos da siempre lo que queremos, ella se fue y de entrada mi mente no lo asimilaba, recibía los textos de mis hermanos y eran solo letras, solo fue hasta días después en que en una madrugada pude desahogarme, platicar con su recuerdo y darle las gracias por todo su amor.

Abue, gracias por todo, gracias por tanto, te llevo en mi corazón.

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